Desafíos desde la acción comunitaria

“Im Blickpunkt” de Volkmar Becher @ Flickr

¿Es posible generar prácticas transformadoras a través de la Política Pública actual en Chile?

La Psicología Comunitaria surge como una manera de fortalecer una disciplina fundamentada en la acción y reflexión de los procesos comunitarios, y que según Alfaro, a partir de dichos procesos se abren espacios de acción profesional en distintos niveles, siendo en el país principalmente a través de la instalación de políticas públicas dirigidas a grupos vulnerables (Alfaro, 2007)1Alfaro, J. (2007). Políticas sociales como condición de posibilidad para el desarrollo de prácticas en Psicología Comunitaria. En J. Alfaro y H. Berroeta, (Eds.), Trayectoria de la Psicología Comunitaria en Chile: Prácticas y conceptos (pp. 43-72). Valparaíso: Universidad de Valparaíso..

Es por esto que resulta interesante destacar lo que Montero señala acerca de la existencia de una clara orientación respecto al modo de abordar problemáticas psicosociales, implicando y explicitando los procesos políticos involucrados en la reproducción de las injusticias sociales y en la construcción transformadora de las comunidades más pobres y marginadas (Montero, 2003)2Montero, M (2003). Teoría y práctica en psicología comunitaria. La tensión entre comunidad y sociedad. Buenos Aires: Paidós..

En Chile en la década del 70, durante el período de dictadura militar, ocurrieron sucesos sociopolíticos que marcaron un antes y después en diferentes aspectos, principalmente vulneraciones a los Derechos Humanos, persecuciones políticas, e incluso la notoria coartación de procesos sociales y comunitarios por medio de la represión existente. En ese entonces, no se daba espacio para ningún atisbo de organización, autonomía o concientización, por lo cual la intervención se comenzó a realizar desde las esferas no gubernamentales (ONG).

A partir de la denominada transición a la democracia en los años 90, resurge el trabajo comunitario orientado desde las políticas sociales que tenían por desafío reconstruir confianzas y restablecer procesos democráticos. Las políticas sociales son aquellas que establecen el marco sociopolítico y de relaciones sociales desde donde se configuran y organizan las acciones, constituyendo por tanto el marco de condiciones de posibilidad para el desarrollo de las prácticas de intervención comunitarias (Alfaro, 2007)3Alfaro, J. (2007). Políticas sociales como condición de posibilidad para el desarrollo de prácticas en Psicología Comunitaria. En J. Alfaro y H. Berroeta, (Eds.), Trayectoria de la Psicología Comunitaria en Chile: Prácticas y conceptos (pp. 43-72). Valparaíso: Universidad de Valparaíso..

Es por esto que, en relación a la pregunta planteada en el título de este texto, resulta necesario considerar el proceso por el cual ha debido transitar tanto la Psicología Comunitaria en el país como todas las disciplinas de las ciencias sociales. Estas prácticas y/o profesiones se han visto influenciadas fuertemente por los cambios que ha tenido la política a raíz de la entrada de un modelo neoliberal, considerando que en este proceso se consolida y tecnifica por parte del estado un enfoque de habilitación individual en el abordaje de los problemas y la integración social, dejando en segundo plano las iniciativas de tipo territorial (Berroeta, Hatibovic, Asún, 2012)4Berroeta, H., Hatibovic, F. & Asún, D. (2012).  Psicología Comunitaria: prácticas en Valparaíso y visión disciplinar de los académicos nacionales. Polis (Santiago), 11(31), 335-354. doi: 10.4067/S0718-65682012000100018.

Por ende, si dentro de los principios y valores de la Psicología Comunitaria (en adelante como PC) se encuentran el generar acciones orientadas a la transformación y justicia social, es importante mencionar que se van presentando ciertos aspectos paradójicos o desafíos en el quehacer desde las políticas públicas neoliberales que pretenden privatizar servicios sociales y establecer relaciones de poder dónde además se presentan estrategias que no se condicen con procesos realmente participativos. Esto se debe a que son generadas desde la lógica de arriba hacia abajo, sin dejar de mencionar que existe también una medición de resultados inmediatos en las intervenciones, y una cuestionada referencia conceptual sobre la población con la que se trabaja orientada desde la carencia y una condición inamovible.

Desde esta perspectiva, existen autores que reconocen que Chile es un caso emblemático debido a que es probablemente el país latinoamericano donde el modelo neoliberal y la tecnificación de lo social se han instalado con más dureza. Como señalan algunos autores, la acción gubernamental establece y delimita el actual quehacer de la Psicología Comunitaria (Alfaro, 20075Alfaro, J. (2007). Políticas sociales como condición de posibilidad para el desarrollo de prácticas en Psicología Comunitaria. En J. Alfaro y H. Berroeta, (Eds.), Trayectoria de la Psicología Comunitaria en Chile: Prácticas y conceptos (pp. 43-72). Valparaíso: Universidad de Valparaíso.; Asún & Unger, 20076Asún, D. & Unger, J. (2007). Una visión regional de la institucionalización de la psicología (social) comunitaria en Chile. En A. Zambrano, G. Rozas, F. Magaña, D. Asún & R. Pérez-Luco (Eds.), Psicología comunitaria en Chile: evolución, perspectivas y proyecciones (pp. 213-226). Santiago, Chile: RIL Editores.).

Lo mismo propone Krause, tras estudiar las prácticas interventivas de profesionales, dónde concluye que la PC en los años 90 ya se encontraba bajo un fuerte proceso de institucionalización, donde los énfasis por la transformación y el cambio social propios de la disciplina han dado paso a una acción de orientación gubernamental (Krause & Jaramillo, 19987Krause, M. & Jaramillo, A (1998). Intervenciones Psicológico-Comunitarias en Santiago de Chile. Santiago, Chile: Pontificia Universidad Católica de Chile; Krause, 20028Krause, M. (2002). The institutionalization of community interventions in Chile: Characteristic and contradictions. American Journal of Community Psychology, 30(4), 547-570. doi: 10.1023/A:1015812118935). A pesar de estos puntos críticos presentes en la disciplina,  aún se mantienen dos elementos de la tradición que pretenden seguir avanzando: la búsqueda de la participación de la comunidad y la valoración positiva de los procesos de autonomía y poder.

Por ende, si bien se presenta un panorama adverso dónde además se cuestiona la poca incidencia del conocimiento científico en ciencias sociales hacia la producción de la política, Solarz  también señala que el obstáculo principal no es que la psicología comunitaria cuente o no con conocimientos que le sirvan de base para influir en las políticas sociales, sino que más bien el principal límite es la dificultad que existe al intentar comprender las tensiones y dificultades para dialogar entre los/las agentes de la disciplina y quienes formulan las políticas (Solarz, 2001)9Solarz, A. (2001). Investing in children, families, and communities: Challenges for an interdivisional public policy collaboration. American Journal of Community Psychology, 29(1), 1-14. doi: 10.1023/A:1005285425527.

Dentro de las tensiones o paradojas en la acción comunitaria se encuentran además los posicionamientos desde el poder en los/as agentes de cambio, esto implica constantemente generar una reflexión en torno a cuestionar la mirada de expertos dotados de poder en las comunidades y en desprofesionalizarse para favorecer las relaciones de tipo horizontal con los actores comunitarios. Como bien señalan Castillo y Winkler (2010)10Castillo, J. & Winkler, M. (2010). Praxis y Ética en Psicología Comunitaria: Representaciones Sociales de Usuarias y Usuarios de Programas Comunitarios en la Región Metropolitana. PSYKHE, 19(1), 31-46. doi: 10.4067/S0718-22282010000100003, el ejercicio reconstruido desde la perspectiva de los beneficiarios se sitúa en un continuo entre ser un/a “psicólogo/a en la comunidad” y “psicólogo/a para la comunidad”, articulándose como alguien disponible que compensa las necesidades de apoyo y orientación de las personas con quienes trabaja.

Por otra parte, al efectuar las políticas sociales en prácticas de nivel comunitario, existen programas o proyectos que asumen como forma de intervención un constante asistencialismo, con objetivos que responden en su mayor grado a finalidades convenientes para el Estado y no necesariamente para los pobladores/as de un determinado territorio. Esto explica también por qué resulta común encontrar evaluaciones en torno a dimensiones individuales cuando se intentan realizar acciones desde el plano comunitario sin considerar la profundidad e importancia de los procesos.

Además, otro factor fundamental son las limitaciones en la conformación de equipos de trabajo inter y multidisciplinarios en las ciencias sociales, dónde en muchas oportunidades existen dificultades en la integración de saberes y el valor de equidad e inclusión entre las diferentes disciplinas (Wiesenfeld, 2014)11Wiesenfeld, E. (2014). La Psicología Social Comunitaria en América Latina: ¿Consolidación o crisis? Psicoperspectivas, 13(2), 6-18. doi: 10.5027/PSICOPERSPECTIVAS-VOL13-ISSUE2-FULLTEXT-357 lo que pone en tela de juicio las repercusiones que trae consigo en las intervenciones, dejando a un lado aquellos principios y valores fundamentales en la búsqueda de procesos de cambios o transformación hacia un bienestar en la comunidad.

No obstante, desde hace un tiempo existen autores que pretenden generar espacios de reflexión o debate en torno a los modos de accionar y que dan cuenta de la compleja relación entre la esfera profesional y gubernamental.  Para efectos de este texto resulta importante mencionar a Berroeta (2014)12Berroeta, H. (2014). El quehacer de la Psicología comunitaria: Coordenadas para una cartografía. Psicoperspectivas, 14(2), 19-31. doi: 10.5027/PSICOPERSPECTIVAS-VOL13-ISSUE1FULLTEXT-352 y su cartografía de tres ejes en la acción disciplinar en PC, lo cual se encuentra siendo un aporte importante en la reflexión en torno a las formas que se están desplegando las intervenciones sociales y permite reconocer desde dónde situarse.

En primera instancia el autor describe un eje horizontal de Individuo/comunidad que pone en cuestión las prácticas orientadas desde espacios comunitarios pero con un abordaje individualizado. También se encuentra el eje de mejoramiento/transformación que en definitiva ejemplifica lo que sucede  en la realidad actual dónde busca mejorar lo existente pero no se orienta hacia procesos de transformación. Por último el eje de Autonomía/Dependencia  que tiene relación con aquello que se promueve y/o genera desde las acciones que se llevan a cabo (Berroeta, 2014)13Berroeta, H. (2014). El quehacer de la Psicología comunitaria: Coordenadas para una cartografía. Psicoperspectivas, 14(2), 19-31. doi: 10.5027/PSICOPERSPECTIVAS-VOL13-ISSUE1FULLTEXT-352.

De acuerdo a este estudio, se señala que actualmente muchas acciones se encuentran centradas en el mejoramiento y muy pocas en la transformación. A pesar de ello, es posible identificar un conjunto menor de acciones que operan en el nivel individual y que se orientan, aparentemente, en la dirección de la transformación (Berroeta, 2014)14Berroeta, H. (2014). El quehacer de la Psicología comunitaria: Coordenadas para una cartografía. Psicoperspectivas, 14(2), 19-31. doi: 10.5027/PSICOPERSPECTIVAS-VOL13-ISSUE1FULLTEXT-352. Lo que da cuenta que existe un micro espacio que permite establecer iniciativas desplegadas por los profesionales en momentos específicos de la acción que buscan distanciarse de las pautas generales de la planificación, en este caso gubernamental.

Por otra parte, es fundamental también considerar la mirada de la PC desde las experiencias de otros países de Latinoamérica dónde en cierta medida se presentan desafíos o limitaciones similares, pero además han podido incorporar a ciertos grupos que por lo general van siendo excluidos de la participación en la política pública, como lo son por ejemplo, las agrupaciones de campesinos y pueblos indígenas. Desde estos grupos se van involucrando problemáticas socioambientales que finalmente en la práctica van generando ciertos cambios en procesos de transformación comunitaria, siendo reales aportes en el desarrollo de las comunidades.

Wiesenfeld menciona que el hecho de que diversos organismos latinoamericanos e internacionales hayan reconocido que la organización y/o participación de comunidades pobres como también su fortalecimiento son fundamentales para mejorar sus condiciones de vida, procesos o fines presentes  en el  discurso  de la PC es otra muestra de la vigencia de dicho discurso y la relevancia social de la disciplina (Wiesenfeld, 2014)15Wiesenfeld, E. (2014). La Psicología Social Comunitaria en América Latina: ¿Consolidación o crisis? Psicoperspectivas, 13(2), 6-18. doi: 10.5027/PSICOPERSPECTIVAS-VOL13-ISSUE2-FULLTEXT-357.

En relación a lo mencionado anteriormente, si bien se comprende que uno de los escenarios más importantes para generar cambio es la elaboración de políticas, la pregunta que plantea Partridge, desde la disciplina si no estamos allí para hablar con el poder, ¿quién lo hará? (Partridge, 2008)16Partridge, W. (2008). Praxis and power. Journal of Community Psychology, 36(2), 161-172. doi: 10.1002/jcop.20228. De acuerdo a esto, la reflexión se torna hacia las posibilidades de participación de los profesionales de las ciencias sociales y en este caso de la PC en lograr un espacio de incidencia en la Política Pública que finalmente es la cual dirige los lineamientos de intervención para un determinado grupo de personas, en un determinado espacio, considerando ciertas variables o fenómenos presentes en pro de contribuir en la inclusión y/o integración de las necesidades sentidas realmente por las comunidades.

Finalmente, visualizar todas las tensiones y limitaciones presentes en el desarrollo de las acciones desde la PC, resultan relevantes para poder reflexionar y determinar en conjunto las posibles soluciones a dichas problemáticas desde el posicionamiento de cada disciplina, comprendiendo que dentro de este complejo panorama no se encuentra todo perdido e inevitablemente resulta necesario formar parte de estos espacios.

Es parte del rol como psicólogos/as comunitarios/as, persistir en participar dentro de estos espacios de ejecución de la política desde la esfera pública, independientemente que se orienten bajo las reconocidas lógicas asistenciales y prácticas desde la inmediatez, considerando que la oportunidad de  integrarse a estos espacios, ya sea a través de proyectos o programas, permite fortalecer las posibilidades de formar parte en la elaboración de estas políticas, considerando procesos participativos, integrando la diversidad presente en las comunidades y transitar desde un mejoramiento en las acciones hacia los procesos cambio y de transformación social.

La fotografía utilizada se llama “Im Blickpunkt” es de Volkmar Becher. La puedes encontrar en Flickr.

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Referencias   [ + ]

1, 3, 5. Alfaro, J. (2007). Políticas sociales como condición de posibilidad para el desarrollo de prácticas en Psicología Comunitaria. En J. Alfaro y H. Berroeta, (Eds.), Trayectoria de la Psicología Comunitaria en Chile: Prácticas y conceptos (pp. 43-72). Valparaíso: Universidad de Valparaíso.
2. Montero, M (2003). Teoría y práctica en psicología comunitaria. La tensión entre comunidad y sociedad. Buenos Aires: Paidós.
4. Berroeta, H., Hatibovic, F. & Asún, D. (2012).  Psicología Comunitaria: prácticas en Valparaíso y visión disciplinar de los académicos nacionales. Polis (Santiago), 11(31), 335-354. doi: 10.4067/S0718-65682012000100018
6. Asún, D. & Unger, J. (2007). Una visión regional de la institucionalización de la psicología (social) comunitaria en Chile. En A. Zambrano, G. Rozas, F. Magaña, D. Asún & R. Pérez-Luco (Eds.), Psicología comunitaria en Chile: evolución, perspectivas y proyecciones (pp. 213-226). Santiago, Chile: RIL Editores.
7. Krause, M. & Jaramillo, A (1998). Intervenciones Psicológico-Comunitarias en Santiago de Chile. Santiago, Chile: Pontificia Universidad Católica de Chile
8. Krause, M. (2002). The institutionalization of community interventions in Chile: Characteristic and contradictions. American Journal of Community Psychology, 30(4), 547-570. doi: 10.1023/A:1015812118935
9. Solarz, A. (2001). Investing in children, families, and communities: Challenges for an interdivisional public policy collaboration. American Journal of Community Psychology, 29(1), 1-14. doi: 10.1023/A:1005285425527
10. Castillo, J. & Winkler, M. (2010). Praxis y Ética en Psicología Comunitaria: Representaciones Sociales de Usuarias y Usuarios de Programas Comunitarios en la Región Metropolitana. PSYKHE, 19(1), 31-46. doi: 10.4067/S0718-22282010000100003
11, 15. Wiesenfeld, E. (2014). La Psicología Social Comunitaria en América Latina: ¿Consolidación o crisis? Psicoperspectivas, 13(2), 6-18. doi: 10.5027/PSICOPERSPECTIVAS-VOL13-ISSUE2-FULLTEXT-357
12, 13, 14. Berroeta, H. (2014). El quehacer de la Psicología comunitaria: Coordenadas para una cartografía. Psicoperspectivas, 14(2), 19-31. doi: 10.5027/PSICOPERSPECTIVAS-VOL13-ISSUE1FULLTEXT-352
16. Partridge, W. (2008). Praxis and power. Journal of Community Psychology, 36(2), 161-172. doi: 10.1002/jcop.20228
Acerca de Natalia Andaur
Psicóloga de la Universidad Santo Tomás de Chile.