La participación desde la Teoría del Actor Red (TAR)

Bedtime Aviation by ROB GONSALVES

Hacia una revisión de algunos conceptos que problematicen y aporten otras perspectivas de análisis

La participación como elemento central en el diseño de políticas públicas, ha estado en el foco de diversos debates tanto teóricos como prácticos en el marco de la acción social. La consolidación del capitalismo post-fordista supone una tensión entre los propósitos de la acción social y las condiciones en las que ésta se formula pudiendo debilitar su impacto final en el tejido social (Montenegro, Martínez & Pujol, 2014)1Montenegro, M., Rodríguez, A., & Pujol, J. (2014). La Psicología Social Comunitaria ante los cambios en la sociedad contemporánea: De la reificación de lo común a la articulación de las diferencias. Psicoperspectivas13(2), 32-43. doi: 10.5027/psicoperspectivas-Vol13-Issue2-fulltext-433. Hoy en día, y siguiendo esta lógica, se hace difícil pensar en el diseño de políticas públicas ajenas a los mandatos del Estado o desentendidas de la agenda pública (que a todo esto puede o no responder a las necesidades sentidas de un país).

Se asiste a un escenario en constante ruptura entre el Estado y la sociedad civil con matices de encuentro y desencuentro, en la que los diversos actores parecen convocados a abanderarse en sus distintas parcelas de conocimiento y/o acción. Dicho contexto político, económico e histórico, sitúa a los profesionales de las ciencias sociales en un lugar de tensión en el que deben convivir (o no) las diversas formas de aproximación a los fenómenos y los diseños de políticas públicas.

El presente texto busca profundizar en el concepto de participación que por décadas ha estado en el centro de la acción social, tomando como referencia algunas formulaciones desde la Teoría del Actor Red (TAR). Hoy en día nadie podría negar la importancia de este elemento en el espíritu de la política pública, sin embargo, evidencias de diversa índole han dado cuenta de la dificultad que reviste éste aspecto en la práctica y que muchas veces se mantiene sólo en la esfera de lo declarativo (Cano, 20082Cano Blandón, L. F. (2008). La participación ciudadana en las políticas públicas de lucha contra la corrupción: respondiendo a la lógica de gobernanza. Estudios políticos, (33), 147-177. Recuperado de http://ref.scielo.org/rx2t93; Carmona, 20123Carmona, R. (2012). Políticas públicas y participación ciudadana en la esfera local. Análisis y reflexiones a la luz de la experiencia argentina reciente. Estado, Gobierno y Gestión Pública, 20, 169-185. doi: 10.5354/0717-8980.2012.25863; Montenegro, Martínez & Pujol, 20144Montenegro, M., Rodríguez, A., & Pujol, J. (2014). La Psicología Social Comunitaria ante los cambios en la sociedad contemporánea: De la reificación de lo común a la articulación de las diferencias. Psicoperspectivas13(2), 32-43. doi: 10.5027/psicoperspectivas-Vol13-Issue2-fulltext-433). Esto invita a los profesionales de las ciencias sociales a no sólo reflexionar y poner en relieve sus propias prácticas, sino que también, a problematizar los cimientos teóricos en los que se afirma la praxis comunitaria a fin de contribuir al debate y buscar soluciones alternativas que permitan afrontar estos dilemas.

El des(encuentro) entre la Psicología Comunitaria y las políticas públicas: ¿cómo resolver esta tensión al momento de hablar de participación ciudadana?.

La estrecha relación, que en las últimas décadas, se ha erigido entre las ciencias sociales (entre ellas la psicología comunitaria) y el desarrollo de políticas públicas, ha tenido implicancias en distintos niveles que han contribuido al establecimiento de una clara tensión entre éstas dos esferas de acción.

…se evidencia, clara, consensuada y contundentemente una gran tensión y desencuentro entre las orientaciones de los programas de políticas sociales y las que derivan del conocimiento acumulado por la Psicología Comunitaria. Estos desencuentros se dan en los planos valorativo, técnico, estratégico y en las nociones de referencia y los modelos de intervención que propone cada uno (Alfaro, 2013, p. 46)5Alfaro, J. (2012). Posibilidades y tensiones en la relación entre Psicología Comunitaria y políticas sociales. En J. Alfaro, A. Sánchez y A. Zambrano (Comps.), Psicología Comunitaria y Políticas Sociales: Reflexiones y Experiencias (pp. 45-71). Buenos Aires: Paidós..

Mismo diagnóstico realiza Rodriguez (2009)6Rodríguez, A. (2012). Aportes de la Psicología Comunitaria al campo de las políticas públicas sociales: el caso de Uruguay. En J. Alfaro, A. Sánchez y A. Zambrano (Comps.), Psicología Comunitaria y Políticas Sociales: Reflexiones y Experiencias (pp. 111-146). Buenos Aires: Paidós. quien advierte esta clara tensión en los contenidos de las políticas públicas, la que originaría una cooptación de ciertos saberes impidiendo la generación de espacios colaborativos entre los profesionales de las ciencias y el Estado. Muchas instituciones lideran formas de acción social que no generan efectos en la participación comunitaria, en su lugar, sólo queda reducida a una mera asistencia del programa (Rodriguez, 2009)7Rodríguez, A. (2012). Aportes de la Psicología Comunitaria al campo de las políticas públicas sociales: el caso de Uruguay. En J. Alfaro, A. Sánchez y A. Zambrano (Comps.), Psicología Comunitaria y Políticas Sociales: Reflexiones y Experiencias (pp. 111-146). Buenos Aires: Paidós..

¿Cómo  sortear éste desencuentro sin que se vean afectados ciertos conocimientos que la psicología comunitaria ha impulsado con fuerza en el marco de la acción social? ¿Cómo hacer conversar estos conocimientos con los intereses particulares que encubren el desarrollo de políticas públicas de “un Estado”? Son algunas de las interrogantes que han salido a la luz en el marco de la praxis comunitaria y que a la fecha parecieran estar en el terreno de lo incierto.

No articular formas de afrontar éstos conflictos internos entre el escenario actual de la psicología comunitaria, traerá consecuencias que pondrán en peligro la acción comunitaria cubriéndola de un velo ilusorio que alimentará un espíritu de logro transformador en prácticas que no sólo están lejos de serlas, sino que por el contrario, ayudan a mantener el estatus quo y se alejan irreconciliablemente de los mismos preceptos que se han defendido con tanto ímpetu.

La participación, como elemento clave a la hora de plantearse la acción social, no ha estado ajena a estas tensiones. Es difícil creer que alguien pueda argüir factores en contra de los mecanismos participativos en el marco del diseño de programas sociales, es más, se consideran siempre un eje central a la hora de entender los fenómenos sociales y aproximarse a la praxis comunitaria. Sin embargo, hoy más que nunca, este concepto corre un riesgo de proporciones en las distintas formas de entender la acción social. No es raro ver hoy políticas sociales que dicen fomentar los espacios participativos en las comunidades, pero al momento de traducir esos deseos en la práctica, se diluyen entre procesos burocráticos de diversa índole (indicadores, problemas de tiempo, financiamiento, etc.) (Cano, 20088Cano Blandón, L. F. (2008). La participación ciudadana en las políticas públicas de lucha contra la corrupción: respondiendo a la lógica de gobernanza. Estudios políticos, (33), 147-177. Recuperado de http://ref.scielo.org/rx2t93; Rodriguez, 20129Rodríguez, A. (2012). Aportes de la Psicología Comunitaria al campo de las políticas públicas sociales: el caso de Uruguay. En J. Alfaro, A. Sánchez y A. Zambrano (Comps.), Psicología Comunitaria y Políticas Sociales: Reflexiones y Experiencias (pp. 111-146). Buenos Aires: Paidós.).

La participación se entiende como uno de los pilares sobre los que se asienta la psicología comunitaria, en el propósito de expresar las problemáticas que atraviesa la comunidad y elaborar colaborativa y conjuntamente, formas de abordar y dar salida a las mismas, considerando a los actores del proceso como piezas claves a la hora de diseñar e implementar las políticas públicas (Montenegro, Rodriguez & Pujol, 2014)10Montenegro, M., Rodríguez, A., & Pujol, J. (2014). La Psicología Social Comunitaria ante los cambios en la sociedad contemporánea: De la reificación de lo común a la articulación de las diferencias. Psicoperspectivas13(2), 32-43. doi: 10.5027/psicoperspectivas-Vol13-Issue2-fulltext-433. En este sentido, es importante considerarla como factor de transformación y cambio social, que presupone agentes dentro de un proceso organizado, colectivo e incluyente que contribuye a la transmisión de tradiciones y conocimientos, así como el intercambio de ideas, deseos y necesidades (Rivera, Velázquez & Morote, 201411Rivera, M., Velázquez, T., & Morote, R. (2014). Participación y fortalecimiento comunitario en un contexto post-terremoto en Chincha, Perú. Psicoperspectivas, 13(2), 144-155. doi: 10.5027/psicoperspectivas-Vol13-Issue2-fulltext-354). La participación, en suma, permitiría identificar aspectos compartidos por las comunidades y así desarrollar habilidades locales de autocontrol, autogestión y el reconocimiento de habilidades individuales y colectivas (Montero, 2006)12Montero, M. (2006). Hacer para transformar. El método en la Psicología Comunitaria. Buenos Aires: Editorial Paidós..

Debido a su importancia, la participación debe ser resguardada no sólo como un concepto teórico sino que como un compromiso de praxis. No basta con hacerla valida desde un plano declarativo, sino que debe encarnar una forma de entender la acción social. Sin embargo, es posible advertir con temor que muchos de los presupuestos participativos se vean cooptados en el tránsito de las políticas públicas. Contribuir a ampliar las perspectivas de abordaje de la participación en las prácticas es esencial, pero igual de esencial es poder darle cabida a una problematización reflexiva y crítica a nivel conceptual. Y en ese sino, es importante ir pensando en las siguientes preguntas: ¿Qué se entenderá por participación? ¿Quiénes participan y por qué? ¿Basta con consignar qué es o no participativo en una determinada acción social? ¿la participación satisface los deseos de una acción social transformadora desde la perspectiva de los actores de la comunidad o viene a contentar el espíritu de los interventores o profesionales?.

Una clave para entender el deterioro del concepto de participación en la práctica actual de la psicología comunitaria, es su inminente despolitización e instrumentalización para los propósitos de los diversos programas sociales. Mientras que en muchas proclamas se han considerado los espacios de participación como claves para el desarrollo y fortalecimiento de una sociedad democrática, las condiciones actuales del sistema capitalista, la han ido transformando en un elemento central en la producción y consumo de mercancías (Montenegro, Rodriguez & Pujol, 2014)13Montenegro, M., Rodríguez, A., & Pujol, J. (2014). La Psicología Social Comunitaria ante los cambios en la sociedad contemporánea: De la reificación de lo común a la articulación de las diferencias. Psicoperspectivas13(2), 32-43. doi: 10.5027/psicoperspectivas-Vol13-Issue2-fulltext-433. La participación, en este sentido, estaría más al servicio de las intervenciones, los aparatos burocráticos y tecnócratas, que al servicio de las necesidades y problemáticas sentidas por las comunidades.

Realizar aquí, un examen pormenorizado respecto a lo que se entenderá por participación en contextos neoliberales, invita a profundizar en aspectos propios del conocimiento generado por la psicología comunitaria. Dicho esto, se hace necesario reflexionar en torno a los elementos teóricos que nutren dicha conceptualización. No basta con generar lugares de certezas inalterables, y en ese objetivo, se deben incorporar otras perspectivas que desde sus propias parcelas de conocimiento puedan aportar más interrogantes y ayudar a complejizar el escenario de la manera más profunda posible.

La Teoría del Actor Red (TAR) y su aporte a la discusión:

La Teoría del Actor Red (TAR) se origina en los años 80’ produciendo un número importante de investigaciones a la fecha. A grandes rasgos, ésta perspectiva viene a reformular ciertos supuestos en los que se han basado las ciencias sociales en el marco de un desarrollo teórico moderno. Se propone el estudio de una serie de entramados complejos que involucran aspectos heterogéneos e híbridos para explicar la complejidad de los fenómenos sociales (Vaccari, 200814Vaccari, A. (2008). Reensamblar lo social: una introducción a la teoría del actor-red. Revista iberoamericana de ciencia tecnología y sociedad, 4(11), 189-192. Recuperado de http://ref.scielo.org/gt63b2 ; Echeverría & González, 200815Echeverría, J., y González, M. (2008). La teoría del actor-red y la tesis de la tecnociencia. Arbor, 185(738), 705-720. doi:10.3989/arbor.2009.738n1047). Esta mirada poco convencional de “lo social” pone en duda ciertos cimientos teóricos que las ciencias sociales han puesto en lugares de certeza absoluta. Es interesante asistir al cuestionamiento que hace esta teoría respecto de “la sociedad”, en el sentido que muchas de las formas de entender lo comunitario parten del supuesto de que ésta viene dada previamente. Junto con estos cuestionamientos, la TAR logra descentralizar la discusión antropomórfica heredada de la modernidad; todo es humano, todo depende del hombre y en último caso lo que éste haga determinará el curso de las cosas en el mundo. Ésta perspectiva no sólo ha debilitado el quehacer de las ciencias sociales, sino que ha invisibilizado una serie de fenómenos complejos que explican “lo social” y que muchas veces están ajenos a la intervención del hombre.

La TAR ha aportado (y lo sigue haciendo) muchos elementos que permiten abrir espacios de discusión y reflexión en el marco del análisis de las prácticas de la psicología comunitaria. Diversos conceptos como la hibridez, el entramado, la complejidad, la integralidad, la política integral, nutren las discusiones que a la fecha son necesarias para entender la tensión entre el conocimiento generado por la psicología comunitaria y las ciencias sociales en general, y su relación con las políticas públicas.

Del reduccionismo a la complejidad: hacia una nueva forma de entender la participación.

El reduccionismo como forma de explicar los fenómenos sociales es algo más real de lo que pareciera al momento de plantearse formas de acción social o contribuir al diseño de políticas públicas. Decir, por ejemplo, que la pobreza está relacionada con la capacidad de una familia de mantenerse productiva en un sistema neoliberal, es una forma reduccionista de entender la complejidad de la pobreza. También, y con no menos asombro, se ha caído en el otro extremo de explicar todo desde una perspectiva holística. Es decir, que habrían muchos elementos en juego a la hora de entender determinados fenómenos y que el acceso a éstos sólo sería patrimonio de aquellos más inmersos en dicha realidad (Law & Mol, 2002 en Grau-Solés, Iñiguez-Rueda & Subirats, 2014)16Grau-Solés, M., Iñiguez-Rueda, L. y Subirats, J. (2011) ¿Cómo gobernar la complejidad? Invitación a una gobernanza urbana híbrida y relacional. Athenea digital, 11(1), 63-84. Recuperado de http://www.raco.cat/index.php/Athenea/article/viewArticle/244665/0. El peligro, según estos autores, radicaría en caer en visiones tanto reduccionistas como totalizantes para explicar los fenómenos, y perder de vista, dada éstas pre-concepciones, la naturaleza compleja de los fenómenos que más bien es movediza, intensa, cambiante y no estática, quieta.

Hablar de complejidad significa tratar con composiciones y colectivos de formas y tamaños que difícilmente encajan con las rígidas taxonomías y formas de representación de lo social que ha utilizado históricamente el pensamiento social (Rodriguez, 2008 en Grau-Solés, Iñiguez-Rueda & Subirats, 2014, p. 66)17Grau-Solés, M., Iñiguez-Rueda, L. y Subirats, J. (2011) ¿Cómo gobernar la complejidad? Invitación a una gobernanza urbana híbrida y relacional. Athenea digital, 11(1), 63-84. Recuperado de http://www.raco.cat/index.php/Athenea/article/viewArticle/244665/0.

El concepto de participación no ha estado ajeno a esta realidad. Por sobre entenderla desde una perspectiva compleja, se han visto constantes  intentos por reducirla a niveles específicos, en el diseño de políticas públicas o en la implementación de acciones sociales. Cano (2008)18Cano Blandón, L. F. (2008). La participación ciudadana en las políticas públicas de lucha contra la corrupción: respondiendo a la lógica de gobernanza. Estudios políticos, (33), 147-177. Recuperado de http://ref.scielo.org/rx2t93 identificó cuatro formas o lugares de certeza en los que se ubica la participación en distintos programas sociales: la información, la consulta, la cooperación y cogestión, y la decisión. Estos cuatro factores determinarían la forma en que las políticas públicas podrían incorporar niveles de participación deseables en sus prácticas. A simple vista parecen elementos indiscutibles que facilitarían la incorporación de espacios participativos, pero ¿son mecanismos que permitan la participación de la complejidad?. En este sentido, el criterio de integralidad que propone la TAR da un paso adelante en estas tensiones, a saber, que promueve una perspectiva de abordaje que considere los elementos de complejidad durante las diversas fases del diseño e implementación de políticas públicas (Grau-Solés, Iñiguez-Rueda & Subirats, 2014)19Grau-Solés, M., Iñiguez-Rueda, L. y Subirats, J. (2011) ¿Cómo gobernar la complejidad? Invitación a una gobernanza urbana híbrida y relacional. Athenea digital, 11(1), 63-84. Recuperado de http://www.raco.cat/index.php/Athenea/article/viewArticle/244665/0.

Pero ¿en qué se traduce ésta complejidad al momento de hablar de participación? Se reconoce la importancia de entender los fenómenos de participación como procesos complejos en los que intervienen una gran heterogeneidad de elementos humanos y no-humanos (híbridos) todos inmersos en un entramado de interacciones  (Echeverría & González, 2008)20Echeverría, J., y González, M. (2008). La teoría del actor-red y la tesis de la tecnociencia. Arbor, 185(738), 705-720. doi:10.3989/arbor.2009.738n1047. En ese sentido, entender los presupuestos participativos, desde esta mirada, conlleva hacer interactuar las distintas “versiones” que los elementos del entramado tienen respecto a un determinado fenómeno. Dicho esto, la participación ciudadana:

…se convierte en una consecuencia lógica de la intervención en espacios complejos, en tanto que fuente de integralidad. A través de aumentar la capacidad de representación de combinaciones socio-materiales que suelen estar excluidas, permite que una serie de elementos de integralidad sean incorporados en el proceso de política pública (Grau-Solés, Iñiguez-Rueda & Subirats, 2014, p. 70)21Grau-Solés, M., Iñiguez-Rueda, L. y Subirats, J. (2011) ¿Cómo gobernar la complejidad? Invitación a una gobernanza urbana híbrida y relacional. Athenea digital, 11(1), 63-84. Recuperado de http://www.raco.cat/index.php/Athenea/article/viewArticle/244665/0.

La participación, es entonces, concebida como un desafío para las políticas públicas, en tanto que ya no entiende lo comunitario desde una perspectiva antropomórfica, sino que incorpora otros actores posiblemente invisibles a los ojos de las ciencias sociales. ¿Es la naturaleza un actor clave en la participación, e importante de incorporar en las decisiones que impacten en un espacio determinado? ¿Es una plaza pública o una cacha de futbol algo importante en la acción social? ¿Son las instituciones partes del mismo entramado y “versiones” legítimas para abordar una problemática determinada?.

La TAR incorpora estos elementos a la discusión y los releva para un examen acucioso. El desafío, entonces, de la política pública y en este sentido, de la política integral que logre incorporar la complejidad, es recoger las múltiples versiones, híbridas, en las que humanos y no-humanos forman parte en igualdad de condiciones del mismo entramado de acción y significación (Rodriguez, 2008 en Grau-Solés, Iñiguez-Rueda & Subirats, 2014)22Grau-Solés, M., Iñiguez-Rueda, L. y Subirats, J. (2011) ¿Cómo gobernar la complejidad? Invitación a una gobernanza urbana híbrida y relacional. Athenea digital, 11(1), 63-84. Recuperado de http://www.raco.cat/index.php/Athenea/article/viewArticle/244665/0. Cada una de estas versiones es una forma de conocimiento, una forma de realidad. Mientras antes teníamos unidades hechas de sus partes, ahora tenemos partes que son un todo, y este todo no es tanto como la suma de sus partes (Grau-Solés, Iñiguez-Rueda & Subirats, 2014)23Grau-Solés, M., Iñiguez-Rueda, L. y Subirats, J. (2011) ¿Cómo gobernar la complejidad? Invitación a una gobernanza urbana híbrida y relacional. Athenea digital, 11(1), 63-84. Recuperado de http://www.raco.cat/index.php/Athenea/article/viewArticle/244665/0.

Comentarios finales

Problematizar y reflexionar es siempre una tarea necesaria para cualquier forma de conocimiento, pero muchas veces ésta tarea es dolorosa. No es fácil despojarse de los preceptos que por décadas han formado parte del “disciplinamiento” y la formación académica en el marco de un sistema ya establecido. Las formas de conocimiento “eurocéntricas” y tecnócratas han permeado el conocimiento universal y situado a los profesionales en lugares de certeza absolutos. Este fenómeno es, claramente, achacable a la naturaleza humana más intrínseca: la incertidumbre es demasiado invalidante.

Sin embargo, si hay algo que la psicología comunitaria y algunas disciplinas de las ciencias sociales han hecho bien, es mantener espacios de cuestionamiento respecto a las propias prácticas. Estos espacios hay que recuperarlos día tras día y hacerlos dialogar con nuevas perspectivas o formas de entender los fenómenos. Ya es sabido que la certeza es más declarativa que real, y ante ese escenario solo alimentando un espíritu caracterizado por la duda se contribuirá a acrecentar el conocimiento y la forma en cómo se comprenderán los fenómenos con la complejidad que estos merecen.

En el marco del desarrollo de la psicología comunitaria, se ha venido generando una tensión entre el conocimiento acumulado por ésta y las condiciones en las que se desarrollan las políticas públicas. Éste conflicto, no sólo ha contribuido a generar un clima de incertidumbre, sino que ha implicado un desencuentro entre ambas formas de acción social. Sortear éste conflicto no  sólo es necesario para depurar las prácticas en la actualidad, sino que también, para reconciliar espacios que en los que ambas partes puedan convivir colaborativamente.

Estas tensiones seguirán estando presentes, ya que no se sortearán de la noche a la mañana, y es más, sería deseable que sigan existiendo. Las crisis siempre son oportunidades para avanzar hacia formas de conocimiento más complejas y que puedan dar cuenta de los diversos elementos que están en juego. La Teoría del Actor Red (TAR) no es la verdad, y presenta tantos puntos a favor como en contra, pero aporta desde una mirada rupturista y poco convencional, diversos matices que permitirán enriquecer la acción social. En su afán, incorpora un espíritu cuestionador que busca romper los lugares de certeza que las ciencias sociales han asumido tan ciegamente. Ese es el espíritu que las ciencias sociales debiesen alimentar y es el espíritu del presente texto.

Para concluir, es necesario poner en relieve los próximos desafíos en materias de políticas públicas. Y es que estos desafíos van en la línea de incorporar la mirada compleja de los fenómenos, abriendo espacios desde una perspectiva integral, es decir, que logre dar cuenta de los diversos agentes involucrados, para así contribuir al diseño de acciones sociales que puedan ser más abarcadoras. La TAR, en la actualidad, se encuentra en un proceso de transición, hacia una cosmopolítica que se plantea, por ejemplo, la importancia de generar espacios en los que pueda participar la naturaleza (flora y fauna, etc.) y otras formas de representación híbridas. No reconocer la relevancia de estos actores en el marco del diseño de políticas públicas, es propio de una psicología comunitaria miope; abrirse a la posibilidad, es asumir este difícil desafío y avanzar hacia nuevas formas de conocimiento.

La imagen utilizada se llama “Bedtime Aviation” es de Rob Gonsalves. La puedes encontrar en Facebook.

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Referencias   [ + ]

1, 4, 10, 13. Montenegro, M., Rodríguez, A., & Pujol, J. (2014). La Psicología Social Comunitaria ante los cambios en la sociedad contemporánea: De la reificación de lo común a la articulación de las diferencias. Psicoperspectivas13(2), 32-43. doi: 10.5027/psicoperspectivas-Vol13-Issue2-fulltext-433
2, 8, 18. Cano Blandón, L. F. (2008). La participación ciudadana en las políticas públicas de lucha contra la corrupción: respondiendo a la lógica de gobernanza. Estudios políticos, (33), 147-177. Recuperado de http://ref.scielo.org/rx2t93
3. Carmona, R. (2012). Políticas públicas y participación ciudadana en la esfera local. Análisis y reflexiones a la luz de la experiencia argentina reciente. Estado, Gobierno y Gestión Pública, 20, 169-185. doi: 10.5354/0717-8980.2012.25863
5. Alfaro, J. (2012). Posibilidades y tensiones en la relación entre Psicología Comunitaria y políticas sociales. En J. Alfaro, A. Sánchez y A. Zambrano (Comps.), Psicología Comunitaria y Políticas Sociales: Reflexiones y Experiencias (pp. 45-71). Buenos Aires: Paidós.
6, 7, 9. Rodríguez, A. (2012). Aportes de la Psicología Comunitaria al campo de las políticas públicas sociales: el caso de Uruguay. En J. Alfaro, A. Sánchez y A. Zambrano (Comps.), Psicología Comunitaria y Políticas Sociales: Reflexiones y Experiencias (pp. 111-146). Buenos Aires: Paidós.
11. Rivera, M., Velázquez, T., & Morote, R. (2014). Participación y fortalecimiento comunitario en un contexto post-terremoto en Chincha, Perú. Psicoperspectivas, 13(2), 144-155. doi: 10.5027/psicoperspectivas-Vol13-Issue2-fulltext-354
12. Montero, M. (2006). Hacer para transformar. El método en la Psicología Comunitaria. Buenos Aires: Editorial Paidós.
14. Vaccari, A. (2008). Reensamblar lo social: una introducción a la teoría del actor-red. Revista iberoamericana de ciencia tecnología y sociedad, 4(11), 189-192. Recuperado de http://ref.scielo.org/gt63b2
15, 20. Echeverría, J., y González, M. (2008). La teoría del actor-red y la tesis de la tecnociencia. Arbor, 185(738), 705-720. doi:10.3989/arbor.2009.738n1047
16, 17, 19, 21, 22, 23. Grau-Solés, M., Iñiguez-Rueda, L. y Subirats, J. (2011) ¿Cómo gobernar la complejidad? Invitación a una gobernanza urbana híbrida y relacional. Athenea digital, 11(1), 63-84. Recuperado de http://www.raco.cat/index.php/Athenea/article/viewArticle/244665/0
Acerca de Carlo Sottero
Psicólogo egresado de la Universidad Santo Tomás aficionado a los libros y la música.
  • JCastilloS

    La noción de participación es altamente interesante cuando se consideran los escenarios en los cuales se da forma y compone “lo social”, pero al mismo tiempo consiste en una categoría bastante controversial, sobre todo cuando se considera desde una óptica como la ANT.

    Como bien se señala en el trabajo, así como se cuestiona quiénes o “qué” participa y establece modos de diferenciación social cuando surgen preguntas acerca de lo comunitario, lo colectivo o “lo común”, asimismo puede abordarse la cuestión del modo por el cual se establecen los cánones para considerar aquello que puede ser reconocidos como parte de los mismos colectivos y las vías apropiadas de orientación política; y asimismo la cuestión respecto a los elementos que integran la formación de lo común, y la idea misma de aquello que es común.

    La misma política pública, como bien se ha señalado, puede ser considerada como un ensamblaje diverso, pleno de traducciones que implica modos de evaluación y promulgación de representaciones heterogéneas, que constituye ecologías diversas, nunca experimentadas por todos los actores de un único modo; por tanto, con compromisos diversos. Por tanto, ¿Qué es participar de una política en tal sentido? ¿Cómo evaluar el compromiso? ¿Qué diferencias establece cada modo de compromiso? ¿Según qué valoraciones? ¿Y según que canon de evaluación de impacto del mismo compromiso?

    La ANT, creo, ofrece la alternativa de pensar en lo comunitario sin lo comunitario (como un a priori) y abrirse a la posibilidad de redefinir aquello que forma nuestra vida colectiva. No solo en términos de lo humano y no humano (que es distinto a “inhumano”, con carga moral) que compone ciertos tejidos sociales, sino también, y principalmente, acerca de cómo se crean y cómo operan acciones, agentes y epistemologías diversas en una situación social cualquiera, que abre nuevas socialidades, promulga diversos modos de existencia, y da cuenta de diversas conexiones no siempre representadas.

    Me ha gustado la entrada.